domingo, 19 de febrero de 2017

KYUDO, SHODO Y ZEN: LAS POSTURAS DEL DESPERTAR (1)



 
ZANSHIN. CALIGRAFIA DE JOSHU
 
   En las próximas entregas quiero parafrasear un texto extraído de “La Práctica del Zen” de Taisen Deshimaru. Ed. Kairós, Barcelona 1981. Voy a utilizar su texto haciendo una interpretación que se acerque lo máximo a la práctica del kyudo. Ya he escrito , que para mí zen y kyudo o zen y shodo son una misma cosa.

   El ejercicio ha consistido, básicamente en sustituir la palabra zen por kyudo y ha sido fácil porque en este texto de Deshimaru se trata del Zen como postura del despertar y eso le permite tratar unas cuantas cuestiones de actitud y comportamiento corporal que pueden ser muy útiles para los practicantes de kyudo.

   El texto tiene cinco apartados:

   - 1. Postura del despertar
   - 2. La Forma y la Fuerza: Shi-Sei
   - 3. La esencia del caminar: Kin-Hin
   - 4. Sentarse en silencio
   - 5. El espíritu del gesto: Zanshin

   En este último apartado del texto original de Deshimaru: “El espíritu del gesto: Zanshin”  aparece  un término que utilizamos al final del Hassetsu, es la palabra Zanshin y se suele describir como la permanencia del espíritu y de la forma una vez realizado el tiro. Un estado que se corrobora con una mirada sostenida y profunda hacia el mato, refleja el espíritu del tiro que se acaba de realizar. Algunos dicen que es ahí donde se revela la dignidad y  el verdadero acierto del tiro.

Imagen y texto extraídos del blog de Joshu Martínez Clará:  Arte - Shodo (Caligrafia) - Kyudo (Tiro con Arco) - Tai Chi y ZaZen.  http://joshumartinezclara.balearweb.net/post/90044









domingo, 12 de febrero de 2017

BREU HISTÒRIA SOBRE EL KYUDO







 
      El kyudo (tir amb arc japonès) és una activitat en expansió. El primer document escrit que descriu el tir amb arc japonès és la crònica xinesa Weishu, que explica com a les illes japoneses s'utilitzava un arc asimètric.
      Al segle XII es va fundar a Japó la primera escola de kyudo (kyudo ryuha), el Henmi-ryu.
      Al segle XV Heki Danjo Masatsugu va revolucionar el tir amb arc amb un nou enfocament anomenat hi kan chu, tir amb arc. A partir de llavors es van crear nombroses escoles, alguna de les quals (Heki Ryu Chikurin-ha, Heki Ryu Sekka-ha i Heki Insai Ryu-ha) encara existeixen.
      Al 1543, amb la introducció de les armes de foc a Japó per part dels portuguesos, va començar el declivi de l'arc com a arma de guerra.
     Al segle XVI (període Tokugawa) Japó es va tancar cultural i comercialment al món, sent governada per la casta dels Samurais. Durant aquest període, el tir amb arc es va convertir en una habilitat practicada cerimonial i esportivament.
      Els Samurais van ser influenciats pel budisme Zen, exercint llavors de professors els monjos, donant lloc al Kyudo actual. A mitjans del segle XIX (era Meiji) els samurais van perdre el seu poder i va disminuir la pràctica de les arts marcials, inclosa la del Kyudo.
      Al 1896, un grup de mestres de Kyudo presidits per Fona Toshizane van fusionar els diversos estils de Kyudo creant el Fona-ryu. Des de la Segona Guerra Mundial el Kyudo s'ha associat amb el budisme zen, encara que no totes les escoles Kyudo inclouen aquest component espiritual. Algunes d'elles deriven del tir amb arc militar.
      El dia 1 de març de 2015 el Comitè Executiu del Consell Català de l´Esport va acordar informar favorablement sobre l'admissió del kyudo com a nova activitat física esportiva. Poc després Zen Kyudo Club Barcelona, el primer club esportiu de kyudo registrat a Catalunya ,va ser admès com a membre de la Federació Catalana de Tir amb Arc. Des de llavors els practicants de Kyudo catalans disposen d'una llicència federativa que els permet practicar aquest esport a Catalunya i a l'Estat español.






lunes, 6 de febrero de 2017

PROMOCIÓ DEL KYUDO A CATALUNYA




Kyudo significa "el camí de l'arc".
Pel correcte desenvolupament d'una nova activitat esportiva, com és el Kyudo, es precisa de la tutela de persones de provada experiència internacional.
Per a la promoció del Kyudo a Catalunya comptem amb l'ajuda de Belén Pérez, una kyudoka (practicant de kyudo) amb una dilatada experiència en l'ensenyament del Kyudo.
Belén Pérez és una kyudoka Renshi 6º dan (un alt grau dins de la tradició japonesa) que forma part del primer club català de Kyudo pertanyent a la Federació Catalana de Tir amb Arc. Va obtenir el "Diploma universitari d'Estudis Avançats" (DEA) amb el seu estudi "El Arte de la Arquería Tradicional Japonesa". És autora del llibre "La esencia del kyudo. El arte de la arquería tradicional japonesa". A més d'organitzar cursos a nivell estatal, actualment imparteix classes a l'Escola de Kyudo de la Universitat de Saragossa. També és la directora Nacional del Departament de Nihon Kyudo per a Espanya en el Nippon Seibukan Dojo de Kyoto per la Zen Nihon Sogo-Budo Renmei.
Periòdicament Belén realitza la seva tasca divulgativa en esdeveniments organitzats a Barcelona pel seu club, el Zen Kyudo Club Barcelona.
El ZKCB es membre de la Federació Catalana de Tir amb Arc.

Mes informació.... http://zenkyudoclubbarcelona1.blogspot.com.es/p/contactar.HTML




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domingo, 5 de febrero de 2017

SEIZA Y KIZA

Kiza (arriba), seiza (abajo)


SEIZA


Es la forma tradicional japonesa de sentarse en el suelo. Con las piernas totalmente flexionadas, sentado sobre los talones, el dorso de los pies se apoya en el suelo, colocando los dedos gordos de los pies uno sobre el otro o bien uno junto al otro. Nunca se debe colocar un pie encima del otro. Los hombres deben mantener las rodillas a aproximadamente un puño de distancia la una de la otra mientras que las mujeres las colocarán lo más juntas posible. Las caderas deben estar firmes, estirando verticalmente el busto y la columna vertebral. El pecho y los hombros tienen que estar relajados, localizando la energía en el abdomen (Tanden).

Las manos, con los dedos juntos y las palmas ligeramente ahuecadas, se colocarán sobre los muslos formando un ligero ángulo hacia dentro. Posicionando el ángulo de las manos correctamente, el dedo índice debe apuntar hacia un lugar que se encuentra en medio de las rodillas.

Esto debería hacerse sin ningún esfuerzo y teniendo cuidado de no abrir demasiado hacia el exterior los codos ni de apretarlos demasiado al cuerpo. La boca tiene que estar cerrada, fijando la mirada, siguiendo el eje de la nariz, en un punto a aproximadamente 2 metros enfrente de nosotros.

 
 
 
 
KIZA
 
 
Kiza es el término utilizado para la postura en la cual el arquero se sienta sobre los talones con los dedos flexionados apoyados en el suelo (el dorso de los pies no se apoya).
 
Cuando no se lleva ningún objeto, ambas rodillas contactan con el suelo. Cuando en esta posición se lleva algún objeto, “se activa” la rodilla (Ikasu) del lado donde se sujeta el objeto principal (con un arco y flechas, el objeto principal es el arco).
 
Activar la rodilla no quiere decir simplemente levantar la rodilla. Cuando se activa la rodilla el ángulo de la parte superior del muslo debería de mantenerse en una posición de aprox. 45 grados con respecto al tronco y el espacio entre la rótula y el suelo debería ser del espesor de la palma de una mano.
 
El objeto sujetado se considera parte integrante del cuerpo y por esta razón, en el momento en que el objeto “se activa” se utiliza el término Ikasu.
 
Para mantener esta postura es necesario colocar bien los dedos de los pies por debajo del cuerpo, intentando apretar los talones entre sí.
 
 
 
Kiza
 
 
 
 
 
 

viernes, 6 de enero de 2017

TORIYUMI NO SHISEI (POSTURA DE SUJECIÓN DEL ARCO)








Llamamos Toriyumi no Shisei cuando estamos en la correcta postura de pie o en la postura de Kiza y con el arco y la flecha en sendas manos. En esta postura la mano izquierda coge el arco por la empuñadura (Kyūha), con la cuerda mirando hacia fuera, y lo colocamos en la cadera. La punta superior del arco (Urahazu) debe mantenerse a aproximadamente 10 cm. del suelo, manteniéndola centrada con respecto a la parte frontal del cuerpo.

Mantenemos el arco en el centro del cuerpo y las flechas sujetas a la altura del primer nudo (Itsukebushi).

Mantenemos la punta superior del arco (Urahazu) a 10 cm. del suelo y sostenemos las flechas escondiendo las puntas (Itatsuki).

Cuando dejamos ver las puntas de las flechas (Itatsuki), entonces las flechas se cogen, pero sin apretar, con la mano derecha a la altura del primer nudo (Itsukebushi), entre el dedo pulgar y el índice, con el apoyo de los dedos meñique y anular.

Si las puntas de las flechas (Itatsuki) las ocultamos a la vista dentro de la mano, las aguantamos igualmente con el dedo pulgar y el índice, que presiona ligeramente las puntas de las flechas, con el apoyo del dedo meñique y el dedo anular. En ambos casos, colocamos la mano que sostiene las flechas sobre la cadera.

Al sujetar el arco y las flechas, la posición de los dos puños debería estar “en la zona de las caderas”. Más exactamente: es el lugar donde los pulgares tocan la parte delantera superior del hueso de la cadera. Cuando un hombre lleva puesto el pantalón japonés tradicional (Hakama), es el lugar donde se anudan las cintas.

Sostenemos el arco y las flechas de manera que la punta de las flechas y la parte superior del arco (Urahazu) señalen en dirección de dos líneas imaginarias que convergen formando un triángulo isósceles. Al mismo tiempo, tanto la línea del arco como la línea de las flechas deben tener el mismo ángulo con respecto a la horizontal del suelo.

Lo deseable es mostrar una postura natural relajada y atenta, en la que cuerpo, arco y flechas formen una unidad. Los hombros deben mantenerse relajados, sin tensar los codos y los brazos y antebrazos formando un contorno circular. El cuerpo no se debe inclinar ni hacia delante ni hacia atrás, tampoco debe mantenerse muy tieso ni encorvado. Las caderas han de estar centradas.
 
     En la postura de sujeción del arco, tanto si se está de pie como si se está caminando, o en cualquier otro movimiento, la punta del arco (Urahazu) debe mantenerse a 10 cm. del suelo aproximadamente. En Seiza o Kiza, la punta del arco debe de tocar el suelo.










viernes, 23 de diciembre de 2016

RESPIRACION. KARLFRIE G. DÜRCKHEIM








 
 



Se necesita cierto tiempo para aprender que una respiración “falsa” supone una actitud defectuosa de uno mismo, o con otras palabras, que no es el cuerpo el que respira mal, sino que es la persona la que está ahí de manera “falsa”, es decir, que no está en su “forma justa”. Para conseguir ésta, no basta con comprender conceptualmente el significado fundamental de la respiración; es igualmente necesario comprenderlo desde el interior. La respiración no es sólo el hecho de aspirar y de echar el aire; es un movimiento fundamental de la vida. Por la forma de respirar de un hombre, se puede conocer su actitud general frente a la vida. Toda modificación durable de la respiración supone un cambio de actitud frente a sí mismo y a la vida, y a la inversa, el ejercicio personal de la respiración, transforma todo el ser. Al igual que toda postura corporal “falsa”, un ritmo de respiración “falso” o una arritmia, son expresión de un bloqueo o de una alteración en el devenir del Ser divino interior indispensable para una vida sana a cualquier plano.
La respiración “justa” no es fruto de la voluntad, sino que va y viene por sí misma sin que el Yo, consciente o inconscientemente, haga nada. Si la respiración está bloqueada arriba, en la parte alta del diafragma o en los hombros, indica que el hombre es prisionero del Yo, que permanece a la defensiva y que, por consiguiente, no está todavía realmente abierto, ni a los otros, ni al mundo. Al no tener el Yo confianza, le hace creer que es él quien debe hacerlo todo y cuidar de todo, por lo tanto también de la respiración. No la deja que venga y se vaya naturalmente, sino que fuerza y deforma la espiración completa, profunda, con una resistencia. Este inconsciente bloqueo respiratorio es también un bloqueo en el Camino interior, que exige soltar presa, abandonar el Yo.
Lo primero, pues, que hay que aprender es a: dejar que el fenómeno de la respiración se haga por sí mismo. Esto es más difícil de lo que parece. Es difícil hacer que desaparezca la tensión involuntaria provocada por un Yo siempre inquieto, que se manifiesta por el control y bloqueo inconsciente de la respiración.
El hombre ha de recorrer un largo camino hasta aprender a respirar bien, conscientemente, dejando que la respiración se haga de modo natural. Un maestro zen, al que se le preguntó sobre su manera de ejercitarse en la respiración, contestó: "Desde hace treinta años me esfuerzo por observar conscientemente la respiración, sin alterarla".

 

Karlfried G. Dürckheim: “ HARA, CENTRO VITAL DEL HOMBRE”.




miércoles, 21 de diciembre de 2016

RESPIRACION - EUGEN HERRIGEL

 
 
 
 Awa Kenzo

"No lo consigue, aclaró­ el maestro (Awa Kenzo), porque no respira bien. Después de inspirar, haga bajar el aliento suavemente, hasta que la pared abdominal esté moderadamente tensa, y reténgalo allí un rato. Luego espire de la manera más lenta y uniforme que le sea posible y, después de un breve intervalo, vuelva a inspirar rápidamente y continúe así inspirando y espirando con un ritmo que poco a poco se instalará por sí solo. Si ejecuta esto de manera correcta, sentirá que el tiro se vuelve cada día más fácil, pues esta respiración no sólo le permitirá descubrir el origen de toda fuerza espiritual, sino que hará brotar ese manantial cada vez más abundantemente y lo encauzará a través de sus miembros con tanta o más facilidad cuanto más relajado esté." Como para demostrármelo, armó su fuerte arco y me invitó a colocarme detrás de él y a palparle los músculos de los brazos. En efecto, estaban tan libres de tensión como si no estuviera haciendo esfuerzo alguno.

Practiqué la nueva respiración sin arco y flecha, hasta que llegó a convertirse en cosa natural. Incluso el leve vahído que experimenté en un principio, desapareció pronto. A la espiración lenta y uniforme, que debía desvanecerse paulatinamente, el maestro le atribuía tanta importancia que para ejercitarse y controlarla mejor, nos la hacía combinar con un zumbido. Sólo cuando, con el último vestigio del hálito, se perdía también el zumbido, nos permitía volver a inspirar. La inspiración, dijo una vez el maestro, liga y une, reteniendo el aliento se realiza todo lo que es justo, y la espiración libera y consuma, venciendo toda restricción. Pero en aquel entonces no lo comprendíamos.

Inmediatamente el maestro pasó a relacionar la respiración con el tiro de arco por cuanto aquélla no se practica como un fin en si misma. La acción continua de estirar el arco y disparar la flecha se dividió en las siguientes fases: asir el arco - colocar la flecha - levantar el arco -- estirarlo y mantenerlo en el máximo estado de tensión - disparar. Cada fase se iniciaba con una inspiración, se apoyaba en el aliento retenido en el abdomen y terminaba con la espiración. Todo esto conducía por sí solo a que la respiración se adaptara y 'se hiciera natural, no sólo acentuando significativamente las distintas posturas y movimientos, sino también entrelazándolos y articulándolos rítmicamente en cada uno de nosotros según el estado de la técnica respiratoria. Por eso; no obstante estar fragmentado todo el procedimiento causaba la impresión de un acontecer que vive íntegramente de sí mismo y en sí mismo y ni remotamente puede comparárselo con un ejercicio gimnástico al cual pueden agregarse o del cual pueden quitarse tiempos sin que se destruyan ni su significado ni su carácter.

Me es imposible evocar aquellos días sin recordar una y otra vez cuán difícil me resultó al principio dejar que la respiración surtiera su efecto. Respiraba en forma técnicamente correcta, pero cuando, al estirar el arco, me concentraba en que los músculos de brazos y hombros permanecieran relajados, la musculatura de mis piernas se contraían a su vez a pesar de mí mismo. Era como si me hicieran falta una base firme de sustentación y una postura sólida y, a semejanza de Anteo, tuviese que extraer mis fuerzas de la tierra.

Muchas veces, el maestro no tenía más remedio que asir súbitamente uno u otro músculo de mis piernas y apretarlo en un punto particularmente sensible.

Cuando, en una de esas ocasiones, dije a manera de disculpa que en verdad me esforzaba por permanecer relajado, replicó: "Éste es precisamente su error: usted se esfuerza, usted piensa en ello. ¡Concéntrese sólo en la respiración, como si no tuviese que hacer otra cosa!"

Con todo, pasó todavía bastante tiempo antes que consiguiera cumplir con las exigencias del maestro. Pero lo conseguí. Aprendí a perderme en la respiración tan despreocupadamente que a veces tuve la sensación, no de respirar, sino de ser respirado, por extraño que parezca. Y aunque en momentos de reflexiva meditación rechazaba tan extravagante idea, no -podía ya dudar de que la respiración cumplía lo que el maestro había prometido. De cuando en cuando, y cada vez con mayor frecuencia mientras transcurría el tiempo, pude estirar el arco y mantenerlo tenso hasta el final, con todo el cuerpo relajado, sin que supiera decir de qué manera. La diferencia cualitativa entre esos pocos intentos satisfactorios y los aun abundantes casos' era tan convincente, empero, que de buena gana admitía haber comprendido por fin lo que, quizá, significaba el estirar "espiritual" del arco.

Era esto, pues, el quid de la cuestión: no se trataba de ningún ardid técnico, que en vano había querido descubrir, sino de una respiración liberadora que abría nuevas perspectivas. Y no lo digo con ligereza. Sé muy bien cuán grande es, en tales casos, la tentación de sucumbir a una fuerte influencia y, enredado en un autoengaño, sobreestimar el alcance de una experiencia por el solo hecho de ser insólita. Mas, pese a todas mis evasivas cavilaciones y sobria reserva, el éxito obtenido con la nueva respiración (pues con el tiempo me era posible estirar relajadamente hasta el fuerte arco del maestro) era demasiado obvio como para ser negado.
 
     En oportunidad de una prolongada charla pregunté al señor Komachiya por qué el maestro había observado impasible durante tanto tiempo, mis infructuosos esfuerzos por estirar el arco "espiritualmente"; por qué no había insistido desde un principio en la respiración correcta: "Un gran maestro –respondió- tiene que ser a la vez un gran pedagogo; para nosotros las dos cosas son inseparables. Si hubiera iniciado la enseñanza con los ejercicios respiratorios, jamás le habría convencido de su decisiva influencia. Primero tenía que naufragar usted con sus propios intentos, para que estuviera dispuesto a asirse del salvavidas que le arrojó. Créame, yo sé por experiencia propia que el maestro conoce a usted y a cada uno de sus alumnos, mucho mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Lee en las almas de sus discípulos más de lo que ellos están dispuestos a admitir."